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IntoxicaciA?n etA�lica, factor de riesgo para el abuso

Escrito por Silvia Martin el 27 septiembre, 2014 en Sin categor
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Septiembre 2014.- Una edad temprana de inicio del consumo de alcohol y una rA?pida progresiA?n de la ingesta de bebidas alcohA?licas inicial hasta el punto de intoxicaciA?n, son factores de riesgo de consumo excesivo de alcohol mA?s tarde y resultados negativos posteriores, segA?n una nueva investigaciA?n que se publicarA? en a�?Alcoholism: Clinical & Experimental Researcha�?..

Meghan E. Morean, de las Universidades estadounidenses de Yale y Oberlin, en Ohio, explican que han identificado una rA?pida progresiA?n a beber hasta la intoxicaciA?n como un factor de riesgo en una muestra de estudiantes universitarios en 2012.

El estudio actual amplA�a la investigaciA?n en dos aspectos importantes. En primer lugar, demuestra que empezar a consumir alcohol a una edad temprana y rA?pidamente progresar a beber hasta la borrachera, estA?n relacionados con el consumo de alcohol por menores de edad y la ingesta excesiva de alcohol. En segundo lugar, este estudio se ha centrado en estudiantes de secundaria. “Los esfuerzos para distinguir entre la edad de inicio del consumo de alcohol y la progresiA?n hacia la primera ingesta abusiva como factores de riesgo de consumo excesivo de alcohol tienen importantes implicaciones para los esfuerzos de prevenciA?n”, explica el profesor William R. Corbin, de la Universidad del Estado de Arizona.

Morean y su equipo solicitaron a un total de 295 bebedores adolescentes (163 mujeres y 132 varones) que eran predominantemente de raza caucA?sica con una edad promedio de 16 aA�os, que completaran una encuesta anA?nima sobre su consumo de sustancias en febrero de 2010. Sus preguntas analizaron la edad de inicio en el consumo de alcohol y la edad de primera intoxicaciA?n, entre otras cuestiones.

“Nuestra investigaciA?n plantea que los adolescentes que toman su primera copa a edades tempranas beben mA?s fuertemente, en promedio, que los que empiezan a beber mA?s tarde”, concluye la profesora Morean. “TambiA�n sugieren los datos que la rapidez con que van los adolescentes desde su primera copa a emborracharse por primera vez es una pieza importante del rompecabezas”, aA�ade.

AsA�, explica que tomar la primera copa a una edad temprana y progresar rA?pidamente a beber hasta el punto de emborracharse estA?n asociados con el consumo de alcohol por parte de menores de edad y la ingesta excesiva de bebidas alcohA?licas, que los autores del trabajo definieron como cinco o mA?s bebidas en una ocasiA?n. “Resumiendo, podrA�amos esperar que un adolescente que bebiA? su primera copa de alcohol a los 14 aA�os y que se emborrachA? a los 15 beba mA?s que un adolescente que tomA? su primera bebida con alcohol a los 14 aA�os y esperA? a emborracharse hasta los 18 aA�os”, pone como ejemplo Morean.

El estudio tambiA�n revelA? que los efectos de la edad de inicio del consumo y la progresiA?n hasta la primera intoxicaciA?n no se diferencian por aA�o escolar, sexo u origen A�tnico. AsA�, estos parecen ser los factores de riesgo relativamente universales en lugar de factores de riesgo A?nicos para subgrupos especA�ficos de la poblaciA?n, segA?n el profesor Corbin.

Por otra parte, el gusto influye fuertemente en la ingesta de alimentos y bebidas, incluyendo el alcohol, por lo que la variaciA?n genA�tica en los genes quimiosensoriales puede explicar la variabilidad en la percepciA?n individual y la preferencia por las bebidas alcohA?licas. Los resultados de un nuevo trabajo, que tambiA�n se publicarA?n en a�?Alcoholism: Clinical & Experimental Researcha�? indican que las variaciones gA�nicas en los receptores del gusto influyen en la intensidad de la percepciA?n.

Este trabajo ha examinado la relaciA?n entre la variaciA?n en las sensaciones relacionadas con el alcohol y los polimorfismos en los genes receptores del sabor amargo previamente vinculados con la ingesta de alcohol y, por primera vez, los polimorfismos en un gen del receptor del ardor. “Las personas pueden diferir en las sensaciones que experimentan de un alimento o bebida”, explica John E. Hayes, de la Universidad Estatal de Pennsylvania.

En su opiniA?n, a�?estas diferencias de percepciA?n tienen una base biolA?gica. Trabajos anteriores han mostrado que algunos individuos experimentan mA?s amargura y menos dulzor de bebidas alcohA?licas como la cerveza. En general, una mayor amargura se vincula con menos agrado y como generalmente tendemos a evitar comer o beber cosas que no nos gustan, las bebidas con alcohol que menos nos agradan se suelen consumir menos”.

“El vA�nculo entre las variaciones genA�ticas en los receptores y el gusto es un A?rea de creciente importancia –explica Russell Keast, de la Universidad australiana de Deakin–. Las variaciones en el sabor amargo pueden ser particularmente importantes porque anA?lisis anteriores han demostrado que las personas que detectan la amargura mA?s intensamente consumen verduras menos amargas. Sin embargo, es mA?s complejo porque las bebidas alcohA?licas contienen sabores y gustos que pueden enmascarar los efectos aversivos de amargura. Por ejemplo, la dulzura de un vino de Jerez o los aromas de un cA?ctel”.

Los investigadores eligieron los dos genes de los receptores amargos, los receptores del sabor TAS2R13 y TAS2R38, porque ambos habA�an sido previamente asociados a diferencias en la ingesta de alcohol.. “Por el contrario, la variaciA?n en el gen del receptor de ardor, el receptor de potencial transitorio V1 (TRPV1), no ha sido previamente vinculado a diferencias en el consumo, pero pensamos que podrA�a ser importante ya que el alcohol provoca sensaciones de ardor, ademA?s de amargura.

Hayes y sus colegas genotipificaron a 93 participantes de raza blanca (58 mujeres y 35 hombres), de 18 a 45 aA�os de edad, para 16 polimorfismos de nucleA?tido A?nico (SNP), una variaciA?n en la secuencia del ADN que ocurre comA?nmente dentro de una poblaciA?n y en TRPV1, tres SNP en TAS2R38, y un SNP en TAS2R13. “Hemos demostrado que cuando las personas prueban el alcohol en el laboratorio, la cantidad de amargura que experimentan difiere y estas divergencias estA?n relacionadas con la versiA?n de un gen receptor del sabor amargo que tiene el individuo. TambiA�n encontramos que las sensaciones de ardor pueden cambiar con diferentes versiones de TRPV1”, resume ese investigador australiano.

 

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