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El desarrollo de la biotecnologA�a agroalimentaria en EspaA�a: un derecho y un deber

Escrito por Redacción el 23 noviembre, 2009 en Biotecnología
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Los hallazgos de Borlaug se extendieron a lo largo de la dA�cada de 1960 a estados con grandes necesidades de crecimiento como India y China. Se calcula que evitaron el hambre, y por tanto salvaron la vida, a millones de personas en todo el mundo. Por eso el cientA�fico fue galardonado con el Nobel de la Paz.

Hace diez aA�os, Borlaug escribA�a: a�?Sin duda, uno de los grandes retos del siglo XXI serA? la renovaciA?n y la ampliaciA?n de la educaciA?n cientA�fica para que siga el ritmo de la A�poca. En ninguna parte es mA?s importante que el conocimiento haga frente a los temores de la ignorancia que en la actividad bA?sica de la humanidad a��la producciA?n de alimentosa��. La innecesaria confrontaciA?n de los consumidores en contra del uso de tecnologA�a para cultivos transgA�nicos, ahora tan ampliamente utilizada en Europa y crecientemente en Estados Unidos y Asia, podrA�a haberse evitado con una sA?lida educaciA?n sobre la diversidad genA�tica y la variaciA?na�?.

Medio siglo despuA�s de la RevoluciA?n Verde el mensaje de Borlaug sigue siendo necesario porque, a pesar de sus numerosos beneficios, no hemos sabido transmitir a los ciudadanos todas las ventajas de la biotecnologA�a, y dentro de ella de la biotecnologA�a agroalimentaria. Determinadas decisiones tomadas en los comienzos, como el no etiquetado de los productos modificados genA�ticamente o su puesta en el mercado sin haber aportado garantA�as satisfactorias a la poblaciA?n, impregnaron la biotecnologA�a de una pA?tina de desconfianza.

Hay que reconocer estos errores con la misma honestidad con la que se asumen en otros campos de actividad, sin que ello suponga renunciar al enorme avance cientA�fico que, en condiciones de plena transparencia y seguridad, tiene la biotecnologA�a. Los investigadores han de hallar cuanto antes el modo de explicar correctamente su importancia, porque es una de las principales herramientas con las que contamos para solventar el problema que detectaba Borlaug: aA?n existen millones de estA?magos vacA�os en los paA�ses subdesarrollados.

Encuestas como el EurobarA?metro reflejan pertinazmente recelos y dudas sociales sobre los efectos negativos de la biotecnologA�a, especialmente en caso de aplicaciA?n al sector alimentario. Sin embargo, tambiA�n muestran un elevado nivel de desconocimiento por parte de la poblaciA?n. En EspaA�a se suelen obtener los A�ndices mA?s altos de apoyo, pero tambiA�n las mayores lagunas de saber y ciertas objeciones contradictorias. Por ejemplo, mientras se respalda la farmacogenA�tica y la biotecnologA�a mA�dica en general, se sigue mostrando rechazo hacia los alimentos transgA�nicos, pese a que el principio de base es el mismo.

Desde que en 1996 se empezaron a comercializar los organismos genA�ticamente modificados, no ha existido ninguna alerta sanitaria ni ninguna muerte provocada por sus efectos. Los controles a los que se somete a este tipo de alimentos son exhaustivos; tanto, que han provocado quejas por conllevar costes que no pueden asumir los paA�ses en vA�as de desarrollo, precisamente los que mA?s necesitan el impulso econA?mico de su producciA?n.

Los controles son necesarios. El anA?lisis de riesgos ha de ser extremado para que la poblaciA?n se convenza de que hay mayor seguridad en un alimento transgA�nico que en uno no modificado genA�ticamente.

Un mal entendido concepto de salud lleva a considerar que los transgA�nicos no son naturales y por lo tanto pueden resultar perniciosos para el cuerpo humano. Pero el perfeccionamiento de las semillas y de los cultivos ha estado con la Humanidad desde sus orA�genes, acompaA�ando su dieta, y existen numerosos alimentos en los que el uso de organismos seleccionados genA�ticamente interviene desde hace tiempo con nuestra total tranquilidad. Estos organismos son usados como herramientas para la elaboraciA?n de productos altamente transformados como es el caso del vino, los quesos, el pan o la leche, pasando por el tofu o incluso el tequila.

Es necesario destacar las numerosas posibilidades que ofrece la biotecnologA�a agroalimentaria para comprender su trascendencia: cultivos resistentes a la sequA�a, la aridez y la acidez del suelo; productos de maduraciA?n mA?s controlada; siembras tolerantes a herbicidas; vegetales resistentes a las plagas (algodA?n sin orugas); menor uso de pesticidas y de agua (y por tanto reducciA?n de factores que provocan el cambio climA?tico); productos alimenticios con mayor valor mineral, antioxidante, vitamA�nico o proteA�nico (aceite enriquecido con omega 3 o arroz mejorado con provitamina A); dietas menos alergA�nicas… El abanico de mejoras ya obtenidas o previsibles habla por sA� solo.

La biotecnologA�a es una de las cinco A?reas estratA�gicas definidas en el Plan Nacional I+D+i 2008-2011, que fija las grandes apuestas de la investigaciA?n cientA�fica en EspaA�a. Dentro de ella se contemplan lA�neas de acciA?n especA�ficas para la biotecnologA�a sanitaria, industrial, energA�tica, ambiental, de sistemas y transversal, y existe una lA�nea especA�fica referida a biotecnologA�a agraria y alimentaria.

En lo que va de legislatura, el Ministerio de Ciencia e InnovaciA?n (MICINN) ha apoyado la acciA?n estratA�gica biotecnolA?gica de manera notable. Dos de los mejores ejemplos que pueden ofrecerse se refieren a la biotecnologA�a roja (salud): EspaA�a ha participado en la creaciA?n del International Cancer Genome Consortium (el a�?G-8 del cA?ncera�?) y forma parte del Proyecto Steam Diseases (o G-4 para el empleo de las cA�lulas madre con fines terapA�uticos). Son dos iniciativas que sitA?an al paA�s en primera lA�nea de la investigaciA?n internacional en estos campos.

Las aspiraciones con respecto a la biotecnologA�a agroalimentaria son equivalentes. Se calcula que en torno al 80% de los proyectos de investigaciA?n agroalimentaria que reciben financiaciA?n pA?blica en EspaA�a ya estA?n relacionados, directa o indirectamente, con la modificaciA?n genA�tica. Son actividades investigadoras que reciben excelentes revisiones y resultados cientA�ficos y que, como el 20% restante, persiguen el A?nico objetivo de mejorar los cultivos y sus beneficios para la sociedad. Apoyarlas es, como en el campo de la salud, una prioridad.

El Consejo Superior de Investigaciones CientA�ficas (CSIC) y el Instituto Nacional de InvestigaciA?n y TecnologA�a Agraria y Alimentaria (INIA) son dos de los organismos pA?blicos que asumen acciones destacadas del MICINN en materia de biotecnologA�a agroalimentaria. El CSIC lo hace especialmente a travA�s del Instituto de AgroquA�mica y TecnologA�a de los Alimentos (IATA), que mantiene lA�neas de investigaciA?n sobre aspectos como el desarrollo de cereales mejorados o las alteraciones fisiolA?gicas postcosecha, asA� como a travA�s el Centro de EdafologA�a y BiologA�a Aplicada del Segura (CEBAS), que investiga sobre el mejor aprovechamiento de los recursos en zonas semiA?ridas.

El INIA cuenta con un Departamento de TecnologA�a de Alimentos que desarrolla anA?lisis para la mejora de la calidad y la seguridad de todo aquello que comemos. Dentro de A�l se han configurado grupos de investigaciA?n: de productos lA?cteos, de origen vegetal y de origen cA?rnico, ademA?s de un departamento horizontal para la mejora de la seguridad microbiolA?gica en todos los alimentos. Estos equipos han desarrollado lA�neas de estudio en: la mejora del comportamiento de la leche ante las bacterias; la composiciA?n nutricional de ciertos cultivos para que puedan beneficiar a personas que con enfermedades o carencias metabA?licas (como la diabetes); el enriquecimiento de los productos cA?rnicos con A?cidos grasos para su mejor conservaciA?n; y la resistencia de ciertas bacterias a lo largo de la cadena alimentaria.

Recientemente se inaugurA?, con la participaciA?n del MICINN, el Centro de BiotecnologA�a y GenA?mica de Plantas UPM-INIA (CBGP). Llamado a convertirse en referencia, desarrollarA? formaciA?n e investigaciA?n en campos como la genA?mica, la proteA?mica o la biologA�a de sistemas. AbordarA? temas clave como la descontaminaciA?n de suelos, la floraciA?n de semillas o la adaptaciA?n de los cultivos a condiciones adversas.

El repaso de todas estas acciones permite atisbar el notable impacto que puede llegar a tener la biotecnologA�a agroalimentaria en nuestra vida cotidiana. Sus avances harA?n a nuestra sociedad mA?s resistente a la crisis actual, econA?mica, y a todas aquA�llas que se han descrito y pueden agudizarse (la energA�tica, la medioambiental y la demogrA?fica, principalmente).

Observando tantas puertas investigadoras que se abren, puede concluirse que tenA�a razA?n Arthur J. Balfour, conde que llegA? a ser primer ministro del Gobierno britA?nico, cuando afirmaba: a�?(…) La ciencia ha sido uno de los mayores instrumentos de transformaciA?n social, pues aunque su objetivo no es el cambio mismo, sino el conocimiento, la silenciosa apropiaciA?n de este cometido dominante, en medio del estrA�pito de las disputas religiosas y polA�ticas, es la revoluciA?n que con mayor resonancia ha marcado el desarrollo de la civilizaciA?n modernaa�?.

Hay grandes esperanzas puestas en las mejoras de productos que constituyen la dieta bA?sica de muchas poblaciones, como la yuca, el arroz, el trigo o el maA�z. SegA?n el Servicio Internacional para la AdquisiciA?n de Aplicaciones AgrobiotecnolA?gicas (ISAAA), la apuesta por la biotecnologA�a vegetal se intensifica en A?frica y en Asia, donde existen grandes necesidades alimentarias. En 2008, el paA�s que ocupaba la penA?ltima posiciA?n en el A�ndice de desarrollo humano de la ONU, Burkina Faso, pasA? a engrosar la lista de estados con cultivos modificados genA�ticamente.

Muchos pequeA�os campesinos comprueban que estos cultivos son los A?nicos que pueden salir adelante en las zonas de clima o suelo mA?s hostil. AdemA?s, reducen las exigentes condiciones de labranza y evitan tener que roturar tierras difA�ciles. Consecuentemente, el empleo de tractores se reduce, y se ahorra en combustible y en agua: los vegetales tratados tecnolA?gicamente son mA?s resistentes a la sequA�a.

Los cultivos modificados genA�ticamente resultan mA?s rentables y mejoran las condiciones de vida del campesinado. Pero, aspectos como la concesiA?n de licencias de siembra o los derechos de reutilizaciA?n de semillas suscitan las crA�ticas de diversas organizaciones sociales, que consideran que con la biotecnologA�a agroalimentaria los agricultores quedan sometidos a la tiranA�a de las multinacionales productoras. La polA�tica de estas empresas se observa con recelo: los campesinos que cultivan productos modificados genA�ticamente progresan y acceden a mejores sistemas de protecciA?n social y sanitaria, pero lo hacen a costa de liberar al medio ambiente organismos que quizA? son daA�inos y sA?lo porque es la A?nica manera que tienen de sobrevivir.

Los debates A�ticos, que toda sociedad tiene derecho a desarrollar, no pueden generar falsos dilemas cientA�ficos. Lo que conocemos de la biotecnologA�a agroalimentaria como ciencia ya es mucho, y nos permite impulsarla con total seguridad. No existe en ella mA?s riesgo del que se deriva de todas las actividades cotidianas en la vida a��tambiA�n de otras ciencias como la medicina, la fA�sica o la aeronA?uticaa�� y no por ello dejamos de vivir.

Estamos ante una rama investigadora que ha demostrado de modo fehaciente tener un potencial transformador positivo, y el planeta afronta a demasiados retos como para renunciar a algo que puede ayudar a superarlos. De nuevo, son los controles exhaustivos y la comunicaciA?n permanente con los ciudadanos los que permitirA?n que se comprenda esta necesidad. Hay que impulsar la ciencia y vigilar su segunda dimensiA?n: que sea justamente aplicada en la sociedad.

La sensibilidad ciudadana mostrada hacia estos temas exige que el Estado estA� muy presente en el marco de acciA?n. Puede observarse que no sA?lo los paA�ses menos desarrollados estA?n asumiendo la necesidad de la biotecnologA�a agroalimentaria; todos los gobiernos comprenden su importancia. En 2008, JapA?n concediA? por primera vez permisos para la importaciA?n de maA�z transgA�nico con fines alimenticios, tras comprobar que los precios de su equivalente tradicional estaban alcanzando niveles desorbitados. El G-8 ya ha confirmado su compromiso con la biotecnologA�a agroalimentaria.

Las empresas biotecnolA?gicas son aliados necesarios en la causa que vincula biotecnologA�a y lucha contra la pobreza, pero no pueden quedar convertidas en agentes A?nicos del desarrollo agrobiotecnolA?gico. El objetivo del MICINN es colaborar con ellas, promoviendo el marco cientA�fico mA?s adecuado para que continA?en sus investigaciones y apoyando el diseA�o de mecanismos para que su innovaciA?n se transfiera a los mercados. Queremos que se investigue, pero tambiA�n que se produzca y se consuma, y en esa lA�nea trabajamos para cooperar no sA?lo con el sector privado, sino tambiA�n con universidades y centros de investigaciA?n, asA� como con las Comunidades AutA?nomas.

EspaA�a tiene un sector agrA�cola y agroalimentario que supone el 8,6% del PIB y da trabajo al 8,5% de la poblaciA?n activa. Es el primer productor de cultivos genA�ticamente modificados de toda la UniA?n Europea, pero hay numerosos paA�ses que nos aventajan en este campo: mA?s del 90% de la superficie algodonera de Estados Unidos estA? constituida ya por algodA?n transgA�nico.

Un reciente estudio de la asociaciA?n INVEGEN subraya que la investigaciA?n realizada en EspaA�a en el sector de la biotecnologA�a verde estA? a un buen nivel en comparaciA?n con otros socios europeos, pero todavA�a tiene un impacto inferior al que debiera en las revistas cientA�ficas. AdemA?s, el A�ndice de patentes solicitadas y concedidas en este sector es bastante inferior al de paA�ses como Francia y Alemania, pese a que la tendencia es ligeramente positiva en cuanto a solicitudes de patentes biotecnolA?gicas en general, segA?n la FundaciA?n Genoma.

EspaA�a muestra una gran fortaleza en capital humano: dispone de 9.000 investigadores dedicados a la biotecnologA�a repartidos entre universidades, centros pA?blicos y hospitales, y aumenta el nA?mero de doctores y licenciados en Ciencias de la Vida. Dados los beneficios de la biotecnologA�a agroalimentaria y el hecho de que contamos con el principal requisito (el talento), lo que queda es trasladar todo ese potencial a la sociedad, hacerla partA�cipe de la capacidad cientA�fica espaA�ola y garantizarla que los riesgos no existen.

SA?lo si las personas comprenden que no estamos jugando con su salud, sino garantizando su futuro, los ingentes recursos que hay que destinar a la investigaciA?n biotecnolA?gica encontrarA?n el apoyo social que requieren. Por otra parte, hemos de ser capaces de mostrar a los ciudadanos, preocupados de manera lA?gica por su salud, que en estos momentos no existe problema sanitario global mA?s acuciante que el Hambre, y que no actuar contra A�l resultarA�a de todo punto irresponsable. Esa es la idea que debemos metabolizar.

A los 95 aA�os, Borlaug sigue en activo, y los demA?s no deberA�amos abandonar sus tesis: a�?Los mA?s grandes males que acechan a nuestra tierra son la ignorancia y la opresiA?n, y no la ciencia, la tecnologA�a o la industria, cuyos instrumentos, cuando se manejan adecuadamente, son herramientas indispensables para afrontar la superpoblaciA?n, el hambre y las enfermedades mundialesa�?. Hay que apostar cuanto antes por una educaciA?n cientA�fica sobre la biotecnologA�a agroalimentaria que, como pide Borlaug, siga a�?el ritmo de esta A�pocaa�?. BM 

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