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A propósito de los “anti-algunas -vacunas”

  • Somos responsables de mejorar el legado que Jenner nos entregó hace más de doscientos años para que nuestros herederos puedan hacer lo propio con los suyos, y así sucesivamente

Escrito por Pedro Alsina Mier el 27 noviembre, 2015 en Reportajes
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Las vacunas son sin ningún tipo de duda la intervención médica que mejores resultados ha proporcionado a la Humanidad. Que continúe siendo así depende de muchos factores. ¿Por qué digo esto? Pues porque se están produciendo unas circunstancias que coinciden temporalmente y que ponen en entredicho el futuro de las vacunas, de la misma forma que ha ocurrido con otros fármacos como los antibióticos. Desde su descubrimiento y ulterior desarrollo en la década de los 50 y 60 del siglo pasado cuando aparecieron muchos de ellos, se produjo un abuso en su utilización. Creyendo haber encontrado una panacea su uso se popularizó no solo en Medicina humana, sino en veterinaria como suplementos alimenticios para acelerar el crecimiento de los animales destinados al consumo.

Todo esto nos llevó a una situación en la que la presión ejercida en el ecosistema microbiano favoreció la aparición de cepas resistentes que eran muy difíciles de controlar. Esta “locura colectiva” en la que todos salían ganando hizo que no nos diéramos cuenta del riesgo que estábamos corriendo. Es cierto que algunos científicos alzaron la voz de alarma, pero ya se sabe que en estas circunstancias esos mensajes no calan y son calificados como agoreros.

En los últimos años se ha producido una drástica disminución de nuevos antibióticos siendo el motivo más importante su baja rentabilidad relativa frente a otros grupos de fármacos, lo cual desincentiva la inversión en investigación para el desarrollo de los mismos.

Volvamos a las vacunas. Por un lado estamos en una sociedad que tiene distintas varas de medir la percepción del riesgo. Vivimos en una esquizofrenia colectiva en la que tenemos pavor a subir a un avión mientras que no nos importa conducir nuestro coche habiendo bebido alcohol, rebasando con creces los límites de velocidad e incluso sin ponernos el cinturón de seguridad.

Cuando llega la gripe estacional algunos dicen que prefieren no vacunarse porque una vez lo hicieron y pasaron la peor gripe de su vida (lo cual es imposible en la actualidad por la propia naturaleza de las vacuna) y que en caso de que la contraigan estarán una semana plácidamente en la cama (lo cual tampoco es cierto porque una gripe no se olvida por el malestar generalizado que produce). Todo ello es en realidad porque tienen temor al pinchazo, o a las potenciales reacciones adversas o simplemente porque han oído o leído que alguien ha dicho que no sirve para nada vacunarse, o lo que es peor, que todo es una conspiración entre la malvada industria farmacéutica y las autoridades sanitarias.

Por otro lado las enfermedades infecciosas que antes nos atemorizaban ahora ya no existen o están controladas. La viruela, la difteria, el tétanos, la tos-ferina, el sarampión, la rubeola, la parotiditis, la poliomielitis y muchas otras, son recuerdos del pasado. Cuando ya no pueden percibirse sus efectos devastadores, el foco de atención de la población ya no está en la enfermedad infecciosa sino en los potenciales efectos adversos de las vacunas. Esto genera un sentimiento de “para qué me voy a vacunar si esa enfermedad ya no existe y lo único que puede ocurrir es que me pase algo malo cuando además estoy perfectamente sano”.

Este es el caldo de cultivo ideal para los anti-vacunas y para los que yo denomino “anti-algunas-vacunas” porque sólo están en contra de algunas de ellas. Quiero aclarar que por anti-vacunas me refiero a todos aquellos sujetos que rechazan la vacunación bajo diferentes supuestos (religión, creencias, superstición, …) Pero éstos no supondrían un mayor problema si no existieran los ideólogos del movimiento que bajo la apariencia de científicos independientes intentan convencernos de que las vacunas no sólo no sirven para nada sino que persiguen maléficos objetivos, además de enriquecer a la industria farmacéutica. Ellos constituyen el auténtico problema, los padres que deciden no vacunar a sus hijos a consecuencia de su influencia son sus víctimas, como sucedió con el desgraciado caso de difteria acontecido el pasado verano. No me cabe ninguna duda de que los padres lo hacen pensando que es lo mejor para sus hijos (aunque no sea así). En cambio dudo mucho de las buenas intenciones de los “ideólogos” puesto que detrás de su actividad pseudo-científica hay intereses en forma de variopintos productos que comercializan (dióxido de cloro, libros, etc) o bien servicios que ofrecen (consultoría, conferencias, asesoría jurídica).

Actuaciones peligrosas

De muy peligrosas pueden calificarse algunas actuaciones y posicionamientos de ciertos colectivos dentro de la Administración o cercanos a la misma. Para nada ayuda el que se lleven ciertos debates, en ocasiones muy sesgados, a los medios de comunicación generalista. No es falta de transparencia para la opinión pública debatir los aspectos relativos a la vacunación en foros científicos. La transparencia radica en informar a la población de las decisiones que a ellos les afectan y mostrar la motivación de las mismas.

Voy a poner algún ejemplo del pasado, pero que es muy ilustrativo.

Decir que la vacuna frente al virus del Papiloma Humano no ha demostrado eficacia frente al cáncer de cuello de útero es una verdad rigurosamente cierta, pero dependiendo del auditorio al que me dirija los resultados son completamente distintos:

  • haciéndolo en un periódico o en la televisión -no me andaré con tapujos- es terrorismo mediático ya que el receptor del mensaje (el ciudadano) interpretará que se ha comercializado una vacuna sin tener datos suficientes -lo cual está muy alejado de la realidad- y por tanto están experimentando con nuestras mujeres y niñas
  • haciéndolo en un foro científico nadie se rasgará las vestiduras porque los verdaderamente expertos saben que eso no es posible desde un punto de vista ético. Para evaluar la eficacia de esta vacuna se decidió establecer como parámetro subrogado las lesiones pre-cancerosas. Si demuestra eficacia frente a las mismas, podremos inferir su eficacia frente al cáncer. Por no hablar de que en el grupo de mujeres incluidas en los ensayos y a las que no se vacunó, hubiera habido que dejarlas evolucionar a cáncer para poder demostrarlo¿No es ético, verdad?

Otro ejemplo es el acontecido con la vacuna de la varicela. Esta vacuna llevaba en las farmacias desde el año 2003 confirmando día a día su eficacia y su seguridad, siendo prescrita por los pediatras y adquirida sin ningún tipo de financiación pública por los ciudadanos. Además Madrid, Navarra, Ceuta y Melilla la tenían incluida en sus calendarios de vacunación -por tanto con financiación pública- siendo los resultados en salud extraordinarios. Es cierto que era una situación un tanto extraña ya que dentro de un mismo territorio convivían estrategias distintas y esto provocaba desigualdades porque en según qué comunidades la vacuna era financiada por la propia administración y en otras eran los ciudadanos quienes asumían ese coste. De todos modos no había ningún tipo de alarma social puesto que la ciudadanía ya está acostumbrada a estas diferencias, no en vano en España decidimos entre todos apostar por un Estado de las Autonomías y la Sanidad es una de las competencias transferidas a las Comunidades Autónomas.

“Los gobiernos y las autoridades sanitarias dificultan el acceso de las nuevas vacunas, invierten insuficientemente en prevención y compran las vacunas como si fueran un bien de consumo convencional”

Confusión en la ciudadanía

De repente sí se genera alarma social cuando se decide retirar la vacuna de las farmacias debido a un “problema de Salud Pública”. La población se preguntaba con razón por qué no se había hecho nada mucho antes y tampoco entendía muy bien por qué entonces se podía comprar en algunas farmacias de España (Madrid y Navarra) y en el resto no. Más tarde ni siquiera en estas dos, pero existía la posibilidad de hacer unos kilómetros y adquirirlas en farmacias de Portugal, Andorra o Francia. Muy pocos entendían lo que estaba pasando y la confusión reinaba por doquier.

Pues bien, esto llevó el debate científico una vez más a los medios de comunicación donde el ciudadano confundido veía cómo los pediatras (que no olvidemos que son los que velan por la salud de sus hijos) estaban en contra de esta situación y se producía un debate público entre éstos, autoridades sanitarias y algunos salubristas (que piensan que la mortalidad y las hospitalizaciones entran dentro de lo estadísticamente asumible con criterios poblacionales). Una vez más, confusión en la ciudadanía que no entiende por qué una hospitalización o incluso una muerte le toque de pleno o en su entorno. Esto es muy interesante porque en el fondo es el quid de la cuestión. El verdadero debate es si las vacunas son la principal herramienta de Salud Pública o si son una herramienta exclusiva de Salud Pública. Es el criterio colectivo frente al individual.

La discusión se llevó a un punto muy interesante: algunos creen que las vacunas deben ser universales y gratuitas y por tanto, o tiene acceso toda la población o no debe permitirse que unos pocos lo tengan. No estoy seguro que la sociedad actual comulgue con esta manera de pensar y la prueba inequívoca de ello es la peregrinación ciudadana a farmacias de países limítrofes en búsqueda de vacunas que en España no están disponibles en nuestras farmacias.

vacunas 1En conclusión, máxima confusión para la ciudadanía que ha visto como el 29 de Julio de 2015,       -todo hay que decirlo, con un nuevo equipo ministerial- el Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud decidió la introducción de la vacunación frente a la varicela con una primera dosis a los niños entre los 12-15 meses de edad y con una segunda dosis a los 3-4 años, a partir del año 2016.

La vuelta a las farmacias no se ha hecho efectiva todavía pero parece ser que será durante el 2016 coincidiendo con la implementación de los programas de vacunación.

La polémica no ha cesado puesto que todavía se alzan voces que critican la medida porque dicen que no se ha tomado con la “suficiente evidencia científica”. Además, se esgrime una objeción que es un clásico en el mundo de las vacunas: la protección a largo plazo. Se argumenta que desconocemos la duración de la protección de la vacuna. Asimismo se dice que la inmunidad que proporciona padecer la enfermedad es mayor y más duradera. Es obvio que cuando una vacuna se autoriza para su comercialización, se desconoce la duración de la protección y solo con el paso del tiempo se irá incrementando este conocimiento. ¿Pero es esto un argumento de peso para no usar un remedio preventivo que sabemos que es eficaz y seguro? Pues si pasados unos años se ve que es necesaria la administración de alguna dosis de recuerdo, se administra como ha ocurrido con tantas otras vacunas.

Por otro lado los gobiernos y las autoridades sanitarias dificultan el acceso de las nuevas vacunas, invierten insuficientemente en prevención y compran las vacunas como si fueran un bien de consumo convencional.

En la Unión Europea la media desde que una vacuna es autorizada hasta que entra en un programa de vacunación es de 6,4 años. Durante todo ese tiempo el acceso de la vacuna a la población ha sido limitado, restringiendo así las posibilidades de beneficiarse de los resultados en salud de su uso. En los últimos años en España esta situación ha sido más extrema. Por un lado algunos salubristas siguen pensando que las vacunas son una herramienta exclusiva de Salud Pública y deben de seguir criterios poblacionales en su aplicación, mientras que otros profesionales como son los pediatras ponen el énfasis en la protección individual. Esto nos ha llevado a situaciones peculiares como las de la vacuna antimeningocócica del tipo B y la de la varicela (que ya hemos comentado) que han estado ausentes de las oficinas de farmacia mientras que en el resto de los países de nuestro entorno la situación era bien distinta. Prueba de ello es el “turismo vacunal” a Francia, Andorra y Portugal en busca de las mismas y al que ya hemos hecho alusión en párrafos anteriores. En el momento de escribir este artículo la vacuna antimeningocócica de tipo B ya está disponible en farmacias. Todos estos vaivenes no han ayudado mucho a la confianza de la población porque ha visto cómo las autoridades sanitarias, salubristas, pediatras y otros especialistas no se ponían de acuerdo y reflejaban sus discrepancias en los medios de comunicación.

Compra centralizada

La compra de vacunas a través de un procedimiento centralizado de adquisición fue una de las primeras medidas implementadas para la reducción del déficit público. Es cierto que se consiguieron unos ahorros sustanciales en los que los precios disminuyeron un 40% pero no se utilizaron para mejorar los programas de vacunación y se perdió una gran oportunidad.

Si además tenemos en cuenta que la producción de vacunas es muy larga y compleja, entenderemos que junto con la falta de previsión en el mercado, el peligro de un desabastecimiento es mucho mayor. Y así ha ocurrido, la alta demanda de vacunas combinadas conteniendo el antígeno frente a la tos-ferina (que está presente en las llamadas trivalentes, tetravalentes, pentavalentes y hexavalentes) junto a la poca previsibilidad del mercado debido a que las pautas usadas en todo el mundo son distintas, nos ha llevado a una crisis mundial por la escasez de vacunas. No hay que olvidar que sólo hay dos productores globales de las mismas y esto no hace más que agravar el problema.

En este contexto las biofarmacéuticas pierden interés en seguir invirtiendo en el mundo de las vacunas y ya hemos vistos casos de desinversión como el de Janssen (que cesó en la producción de algunas vacunas de Crucell) y Baxter (cuyas vacunas fueron adquiridas por Pfizer), Novartis (adquiridas una parte por GSK y la otra por CSL) y la consiguiente concentración en cada vez menos fabricantes. Hay que romper con esta espiral que no es buena para nadie y para ello es necesario un diálogo y una colaboración entre todas las partes implicadas, cosa que actualmente no está ocurriendo, o al menos no en la medida deseable.

Este clima de colaboración favorecerá que entre todos consigamos encontrar una tecnología disruptiva que permita avanzar en mejorar las vías de administración, la cadena de frío y la producción. Hay diferentes vías abiertas como la nanotecnología, vacunas comestibles, parches con microagujas, proteómica, genómica …todo ello redundará en vacunas más efectivas, más estables y mejor toleradas por la población y facilitarán la logística y por tanto la accesibilidad de las mismas.

Somos responsables de mejorar el legado que Jenner nos entregó hace más de doscientos años para que nuestros herederos puedan hacer lo propio con los suyos, y así sucesivamente.

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