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Israel: la clave del éxito está en laI+D y la capacidad de adaptación

  • Por Daniel Kutner, Embajador de Israel en España

Escrito por Redacción Biotech Magazine el 1 noviembre, 2016 en Reportajes
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Ya en el siglo XIX Charles Darwin determinó que “no es la especie más fuerte la que sobrevive”, ni la más inteligente, sino la que se adapta mejor al cambio. Este principio de la evolución se aplica implacablemente a la realidad económica contemporánea y es la que explica el notable éxito de Israel como potencia innovadora y, por ende, el interés que suscita en todo el mundo su modelo. Israel es un país pequeño, del tamaño de la Comunidad Valenciana, con solo ocho millones de habitantes, pero es domicilio de más de 5.000 empresas jóvenes basadas en innovación tecnológica, start ups, 95 de ellas cotizadas en el NASDAQ, y más del 50% de sus exportaciones son de alta tecnología. Por esta razón se ha convertido en un imán para inversores y un centro de peregrinación para quienes buscan las soluciones tecnológicas para la próxima generación… de todo.

La evolución de Israel hasta convertirse en el generador tecnológico que es hoy, fue producto de la combinación de factores históricos y geopolíticos, de valores culturales, de infraestructura científica, de capital humano basado en inmigración con espíritu emprendedor, de políticas económicas y en la cooperación gobierno – iniciativa privada, que tuvo un papel fundamental.  Los padres fundadores del Israel moderno pusieron un fuerte énfasis en el desarrollo de la ciencia e investigación como parte integral de la formación de la infraestructura nacional. Chaim Weizmann, el líder sionista más notable de entreguerras y primer presidente de Israel, era un científico de renombre, y tenía la visión de que la ciencia israelí cumpliría un papel importante en la solución de los problemas que afligen al Oriente Medio y a la humanidad en general. Esta visión fue retomada por el recientemente desaparecido Shimón Peres, que repetía incansablemente que la riqueza de los pueblos no reside en sus bancos sino en el conocimiento y en la ciencia, traducida a progreso económico.

Debido a estos factores, Israel poseía ya una infraestructura científica sólida desde antes de su independencia, la que se vio reforzada por la inversión en tecnologías de defensa necesarias para lograr una medida de autosuficiencia. Toda esta base provee el caldo de cultivo en el cual crecen los emprendedores de hoy en día.

La inmigración masiva de mano de obra altamente cualificada de la ex URSS en los años ’90 y la liberalización de la economía israelí para afrontar los desafíos de la época contribuyeron a encauzar el talento emprendedor y creativo hacia la aparición de decenas y luego de cientos y miles de empresas start up innovadoras. Pero estas condiciones no hubieran sido suficientes de no ser por la creación del mecanismo para compartir el riesgo y apoyar el I+D de estas empresas, diminutas y frágiles en sus comienzos. Este mecanismo está basado en un sistema de subsidios y programas de inversiones gestionadas por la Oficina del Jefe Científico del Ministerio de Economía de Israel, que a su vez contribuyó a la creación de la industria capital de riesgo del país. Su apoyo, a través de diversos programas que cubren desde la innovación académica hasta todo el ciclo de crecimiento empresarial, sigue siendo cardinal hasta hoy en día para potenciar la innovación, aunque con el tiempo fondos privados de inversión han ido incrementando su participación hasta volverse preponderantes en la financiación a empresas innovadoras.

Así es como Israel se ha convertido en un centro generador de start ups de alta tecnología y segundo en el mundo después de Silicon Valley, en las áreas de la informática y telecomunicación, ciberseguridad (uno de los principales focos mundiales), nanotecnología, tecnologías del agua y medio ambiente (cleantech)  y en las diversas ramas de la biotecnología y la biomedicina, incluyendo instrumentación medica. Este ecosistema innovador ha atraído a alrededor de 300 multinacionales en estas áreas, que mantienen centros de investigación y desarrollo en Israel, la mayoría de ellas a raíz de haber adquirido una empresa israelí. En el 2015, se formaron en Israel 700 nuevas empresas y las inversiones de capital de riesgo en estas y en empresas más veteranas alcanzaron los 4.500 millones de dólares (en su mayoría capital extranjero). Los exits de empresas israelíes alcanzaron un valor de 9.000 millones de dólares (en 2014 la suma se aproximó a los 7.000 millones).

El éxito del sector de alta tecnología no oculta la existencia de serios desafíos, especialmente en áreas donde las condiciones cambian tan rápidamente y es necesario un gran esfuerzo para mantener la posición del mercado. Israel ha demostrado que su apuesta por la innovación tecnológica basada en una sólida cultura de I+D, y su rápida adaptabilidad son los elementos clave para  enfrentarse a estos desafíos.

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